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4. Prospección superficial
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Prospección superficial
Después del estudio de la colección particular iniciamos las tareas de la prospección no sistemática, definido de esta manera por el grado de incidencia que había que efectuar sobre la superficie del yacimiento, teniendo en cuenta que se trataba de la primera vez que analizábamos las características que nos podía ofrecer el terreno.
Decidimos dividir el yacimiento en áreas para trabajar de manera más eficaz ya que la extensión del terreno era considerable, diseñando un plano en el que se trazaron las áreas, identificadas mediante una numeración correlativa.
Para confeccionar las áreas se tuvieron en cuenta los límites artificiales y naturales localizados en el terreno, que en la mayoría de los casos consistían básicamente, en los límites de parcelación construidos mediante paredes secas. También se utilizó ocasionalmente la carretera y el camino que atraviesan el yacimiento en dirección al faro y a la finca de Santa Teresa respectivamente, los accidentes acusados del relieve topográfico, las formas que marcaban la vegetación mediana y alta de algunos sectores, y la línea de costa del puerto.
Para el estudio del material arqueológico de superficie, se decidió recoger aquellos fragmentos más significativos, sobre todo, escogiendo todos los bordes y bases, y aquellos que por sus características, ya sea en función de la pasta, decoración, barniz y otras cualidades, podían aportar más información.
El análisis cronológico de la cerámica evidencia que los materiales más antiguos, al igual que en el estudio de la colección, son las ánforas púnicas, en concreto las Maña C 2, o a Púnico-ebusitanas (PE 17). Destaca del período tardorepublicano, la gran abundancia de Dressel 1, que representa el 4% del volumen total del yacimiento (21% dentro del total de las ánforas).
Como en la mayoría de yacimientos del ámbito baleárico, la presencia de la terra sigillata, va en progresión. Comienza por una ligera presencia de material itálico (2% del total del yacimiento), que se incrementa con el material sudgálico (3,5 %), para conocer una espectacular crecida con los materiales de procedencia africana (6,3 % de Clara A, y 18,5% de Clara D). Progresión que hemos de entender sobre todo no sólo a partir de las relaciones comerciales, sino también con la evolución que sufrirá la fabricación de cerámica fina, que se desarrollará de manera industrial.
Por lo que respecta a la T.S. Clara A, los tipos más frecuentes son los que también encontramos en mayor número en otros yacimientos de las mismas particularidades de Sanisera (puerto natural de escala, zona estratégica por la via de comercio marítimo, etc.), como serían las Hayes 3,6,9, o 14.
Pero es evidentemente la variante de TS. Clara D, la más numerosa, de la que recogimos un total de 48 tipos diferentes, de entre los cuales los principales son: las Hayes 91, 94, 99, y la 104.
Aunque el material africano más abundante no es la cerámica fina, sino la cerámica de cocina, con un 21,6% del total del yacimiento. Esta gran presencia se explica por varias razones: la longevidad de su producción, la fragilidad de sus piezas, y las relaciones existentes con el territorio norteafricano. Las variantes que encontramos más representadas son las Hayes 23, 185, 196 y 197.
El material de procedencia africana supone el 57,5 % del total del yacimiento, hecho que, confirmado con el estudio de la colección, plantea la hipótesis de trabajo del posible comercio por vía directa de las islas Baleares con el norte de Africa, no sólo teniendo en cuenta los porcentajes entre cerámica fina y material anfórico, sino analizando también la favorable relación geográfica que comparte con el continente africano.
El segundo material que tenemos en mayor abundancia es la cerámica común oxidada, pues constituye el 20% del número total de fragmentos del yacimiento. Pero a pesar de esto no podemos decir mucho al respecto pues sin una tipología propia, ni un análisis petrológico no podemos determinar su procedencia. Tanto podría ser local, como de importación.
Por lo que respecta a las relaciones con la península Ibérica, estas no fueron especialmente remarcables hasta la importación del vino layetano. Es decir, hasta los momentos en que la política agrícola imperial apoyó las explotaciones provinciales en detrimento de las itálicas, hacia el siglo I d.C. Encontramos un importante número de estas ánforas de la Tarraconense, un 2'9% del total del material, aunque en lo que respecta al material anterior al siglo I d.C. su presencia es mínima.
También hemos de mencionar una cierta presencia de productos de procedencia Bética, del todo lógica debido a la importancia que jugó esta provincia en la política comercial imperial. El material recogido, entre ánforas de conservas de pescado Dressel 7/11 y las Dressel 20, suma un 1'2% del total.
Otro elemento interesante a destacar sobre los productos de procedencia hispánica, es la práctica ausencia de sigilata, sólo hemos detectado 4 fragmentos, la razón es que se trata de un producto eminentemente del interior y que en la costa se reemplazaba por los productos de sigilata africanos.
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