INVESTIGACIÓN
> Campamento militar romano
Tito Livio narró el episodio de la conquista romana de Baleares en su obra Ad urbe condita. Por desgracia su libro LX no ha llegado hasta nuestros días y tan solo nos quedan algunas citas de otros autores que a grandes rasgos describieron el triunfo del general romano Quinto Cecilio Metello a su llegada a Roma tras conquistar las islas donde se instaló por un espacio relativamente corto entre los años 123 y 121 a.C. Mucha tinta han escrito historiadores y arqueólogos que han querido explicar el momento trascendental en el que Roma decidió incorporar las islas a su republica analizando las razones y sus consecuencias.
En torno a las fechas en las que nos enmarcamos, hacia el año 123 a.C., Sanitja debió ser el mejor puerto natural de fondeo de la costa del norte de Menorca resguardado de los fuertes vientos de Tramontana gracias a un brazo natural a modo de dique de aproximadamente 200 metros de ancho, de poca profundidad que parte desde el Cap de Cavallería y que desciende por debajo del nivel del mar ligándolo a la Illa dels Porros a través de un suelo submarino compuesto por grandes bloques de roca en desprendimiento. Comparativamente, Fornells, la otra bahía natural de la costa norte presenta una entrada muy peligrosa, razón por la cual Sanitja fue la preferida por los marineros hasta tiempos muy recientes.
El asentamiento romano que se estableció con motivo de la conquista militar de Quinto Cecilio Metello se emplazó en el punto más estratégico, al sur del puerto, sobre una cima plana de una colina alzada discretamente a una altura que oscila entre los 15 y 20 metros sobre el nivel del mar. Desde esa zona se puede contemplar una amplia visibilidad de la ensenada del puerto y del horizonte del norte marino de Menorca.
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(1)Quinto Cecilio Metelo, apodado el Baleárico
Hijo del noble romano conquistador de Macedonia y hermano del de Creta, Quinto Cecilio Metelo optó por la carrera militar, requisito indispensable para ejercer cargos públicos en el Senado de Roma, órgano responsable de la política exterior y del control del ejército.
Quinto Cecilio Metelo era el cónsul, es decir, comandante del ejército cuando el senado romano decidió conquistar la Baleares. Corría el año 123 aC. En dos años las islas fueron romanas y Metelo regreso a Roma para recibir los honores de la victoria y se le apodó el Baleárico.
Los motivos que instigaron la conquista de las islas son de índole diversa. En primer lugar, obtener nuevas tierras para la población debido al abandono de las explotaciones agrícolas del territorio itálico. La política romana, con la creación de nuevas ciudades en tierras fértiles -colonias - ofrecía a los soldados la oportunidad de disponer de tierras, colonizarlas y, en consecuencia, consolidar el control del territorio. Las nuevas tierras abastecían también a Roma de productos agrícolas y otros indispensables. Por otro lado, la piratería ponía en peligro las rutas marítimas tanto en lo referido al transporte de alimentos como a la comunicación y abastecimiento de los campamentos y colonias del territorio hispano. Por todo ello, mantener ejércitos en puntos estratégicos del Mediterráneo era fundamental.
En último lugar, las victorias avalaban la grandeza de Roma y, todavía más, de los conquistadores y de sus familias: "honor, poder y gloria". La competencia entre las familias nobles por mantenerse en la élite tomaba toda su fuerza en Roma, una ciudad llena de trofeos de guerra, altares, arcos, templos, estatuas triunfales así como insignias y monedas que recordaban la victoria y el enemigo derrotado a los pies de Roma.

(2) Mercemarios baleáricos
Honderos, mercenarios de imperios. El pueblo balear era muy conocido por los griegos, cartagineses y romanos por la extraordinaria habilidad en el manejo de la honda. Como pueblo fundamentalmente agrícola y ganadero, es probable que la habilidad de los isleños primitivos derivara del control de los rebaños con el uso de la honda.
En diversos episodios de la historia, ejercieron de mercenarios de los ejércitos más poderosos de su tiempo. Ser mercenario de un ejército imperial proporcionaba al hondero un medio para ganarse la vida y buena reputación ante los suyos.
Los honderos lucharon con el ejército cartaginés contra ciudades griegas y, después , contra los romanos en las guerras púnicas. En tiempos del dominio romano, los honderos fueron auxiliares indispensables de Roma para someter algunos pueblos que amenazaban el Imperio.
En la lucha
El hondero luchaba a primera línea de batalla como soldado de la infantería ligera y su función consistía en romper el orden defensivo del enemigo. En el escenario bélico se dispondrían separados 2 ó 3 metros entre si para manejar la honda sin obstaculizarse. Además, cuando formaban en primera línea, tenían que efectuar repliegues rápido y ordenados hacia los flancos par dar paso al resto del ejército una vez arrojadas todas las balas contra el adversario.
Durante el combate se protegían con un escudo de piel de cabra y una jabalina endurecida al fuego. Utilizaban tres hondas de diferente medida fabricadas con una especie de junco y las llevaban atadas en la cabeza, la cintura y la mano. En función de la distancia a que debían lanzar las balas, seleccionaban la más adecuada. La honda era considerada por el enemigo como una arma temible y peligrosa.
Las balas o proyectiles
El proyectil o bala era de piedra o de plomo. Los de piedra se seleccionaban rigurosamente por su dureza y aerodinámica para dirigir el tiro con gran precisión. Pesaban unos 100 gramos.
Los proyectiles de plomo se fabricaban con un molde y tenían la ventaja de incrementar la capacidad de impacto y penetración en los elementos sólidos como las protecciones metálicas y de cuero de los enemigos. El peso oscilaba entre los 45 y los 90 gramos.
El plomo permitía obtener más velocidad, más alcance y reducir el efecto de retardo. Además, este mineral tiene una gran densidad (11'35 g/cm 3 ) y la temperatura de fusión es fácil de conseguir (328º C).
Algunos proyectiles llevan la inscripción del jefe del ejército. Una de las inscripciones de Sanitja presenta las letras "CAE" que podrían atribuirse a la abreviatura de Caecilius, es decir, Quintus Caecilius Metellus   
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