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EXCAVACIÓN DE NECRÓPOLIS >
Necrópolis

Alumnos trabajando



Cuando los arqueólogos comenzamos la investigación en una ciudad romana nos hacemos un sinfín de preguntas a las que desearíamos dar respuesta de inmediato. Con toda seguridad, entre las primeras de la lista se encontraría averiguar quiénes y cómo eran sus habitantes.

Los arqueólogos podemos conseguir a través de la excavación de tumbas información acerca de sus ritos funerarios, aspectos acerca de la simbología religiosa gracias a la posición de los esqueletos y a la orientación geográfica de las tumbas. También se pueden efectuar estadísticas en cuanto a demografía, patología, enfermedades o salud  e incluso nociones básicas de su dieta alimentaria y anatomía. E incluso yendo más allá, podríamos analizar las clases sociales y las diferencias entre sexos.


EstatuaLos romanos creían en dioses, diosas y en otra vida después de la muerte. Eran terriblemente supersticiosos y pensaban que las almas de los muertos que no habían recibido sepultura vagaban alrededor del cadáver sin descansar, manifestándose en forma de fantasma y provocando desgracias por no conseguir purificarse en un funeral religioso. A consecuencia de ello, se obligó a enterrarlos ya fueran ricos o pobres.

En la religión romana previa al cristianismo se creía que el espíritu de la persona muerta era conducido a través de un río subterráneo llamado Estigia hasta el Hades, la tierra de los muertos. Allí se juzgaba a los espíritus: los buenos iban al cielo, lugar de paz y felicidad eterna; y los malos al infierno. En los funerales se colocaba una moneda debajo de la lengua del muerto con el fin de que pudiera pagar a Caronte, el barquero que llevaba las almas al Hades . Tres jueces preguntaban a las almas sobre su vida en la Tierra y luego bebían del río Lete, que les hacía olvidar sus vidas pasadas. Muchas almas iban al Elíseo (para los héroes o guerreros) o a la Llanura de los Asfodelos (para los buenos ciudadanos). Si los jueces decidían que el alma había llevado una mala vida ofendiendo a los dioses, era enviada al Tártaro, el infierno romano. Después de mucho tiempo allí, se le permitía viajar al Elíseo.

EsqueletoLos enterramientos ganaron importancia a partir del siglo II d.C. La inhumación fue practicada en el ritual primitivo de Roma, según dice Cicerón y la arqueología la confirma. A finales de la República, las costumbres funerarias romanas se expandieron por el imperio. Se dictaron leyes para que los muertos fuesen enterrados fuera de las ciudades, por razones sanitarias que sirvió para planificar cementerios –necropolis- en las afueras de las ciudades.antropología.

Junto al difunto se depositaban objetos funerarios, que a menudo incluían alimentos para el viaje a la ultratumba, calzado de camino y las posesiones más apreciadas del difunto. Los romanos creían que la vida de ultratumba era igual que la terrestre y por ello, se debía dotar al difunto de elementos para subsistir. Sin embargo, será a partir del siglo II d.C., cuando tiene lugar el inicio de un proceso de eliminación de la costumbre funeraria de la deposición de ajuar junto al cadáver.

Los ritos funerarios se podían practicar de dos formas mediante la incineración o la inhumación.

EsqueletoLa incineración, es decir, la cremación de cadáveres y posterior sepultura de sus cenizas, se depositaba generalmente en urnas destinadas a perpetuar la memoria del difunto.

Podríamos reconstruir el enterramiento explicando que el cadáver del difunto envuelto en un sudario permanecía en su casa durante dos días. A continuación el muerto se llevaba al cementerio colocándose sobre una hoguera de leña en presencia del séquito que le acompañaba. Junto al cadáver, se colocaban varias ofrendas a modo de pequeños vasos o ungüentarios de vidrio o cerámica que por la función que desempeñaban recibieron el nombre de lacrimatorios que debían contener las lágrimas de parientes y amigos. La hoguera se aceleraba por medio de resina, pez y otras substancias combustibles y en general su tamaño estaba en relación con la fortuna del difunto. Una vez consumido el cuerpo, se recogían las cenizas y se colocaban dentro de una urna, junto con ofrendas diversas tales como monedas, joyas, adornos y ungüentarios. La urna podía ser de plomo, plata, piedra, vidrio o cerámica y  se depositaba en un hoyo excavado en el suelo.

El rito de inhumación, es decir, el enterramiento del cuerpo, se depositaba de diferentes formas en la tumba. Ejemplos de tumbas pueden ser simples cajas de materiales de construcción como tejas y también pueden reutilizar envases de ánforas. Otros casos pueden ser sarcófagos de madera, plomo o mármol.






 
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