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El control del puerto. Sa Torre de Sanitja. La figura emblemática de la torre de Sanitja, en la entrada de la bocana del puerto, denota un sentimiento romántico, de tiempos remotos, de corte militar y de espíritu imperialista. Fue alzada por los ingleses el año 1800, formando parte de una red de defensa de once torres situadas en los puntos más estratégicos de la isla. Construida por el capitán Robert d'Arcy durante la última dominación británica comprendida entre 1798 y 1802, se diseñó para albergar a una guarnición de 18 hombres y con la suficiente capacidad de almacenaje para cubrir las necesidades de un mes.
Su misión era el control y la vigilancia contra posibles incursiones de piratas o expediciones invasoras de los franceses. Su defensa era fundamentalmente el sistema de comunicación que empleaba con señales de humo durante el día y de fuego por la noche, que podían divisarse desde la montaña de El Toro o desde la torre emplazada en el puerto de Fornells.
La arqueología del puerto de Sanitja. La necesidad imperiosa de protegerse del exterior, la prevención contra el enemigo ha marcado sin duda el paradigma de Sanitja a lo largo de su historia. El lugar que ocupa en Menorca, sumamente estratégico, tanto para la vigilancia como para refugiarse y punto de recalada de la navegación ha dotado a este puerto de un rico tesoro arqueológico.
Campamento militar, ciudad romana y mezquita musulmana son los asentamientos humanos que desde el periodo romano confirman su larga ocupación.
Sanitja fue el lugar escogido por el general romano, Quinto Cecilio Metelo, en el año 123 a.C., para establecer una guarnición de soldados que conquistase las Baleares, y de esta manera conseguir de Roma, la fama y la gloria que le daría el sobrenombre de "El Baleárico".
A finales del siglo I a.C., veteranos del ejército que decidieron establecer su residencia en Sanitja y algunos habitantes de los poblados talayóticos más cercanos a la costa, debieron levantar las primeras casas en la zona más confortable de la ensenada. En aquel lugar se estableció la ciudad romana llamada Sanisera.
La urbe perduró durante seiscientos años, y hoy por hoy duerme aletargada esperando convertirse en la princesa que hará compañía al rey faro, y que en un futuro próximo los arqueólogos rescataran del olvido.
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