Parajes moldeados por la Tramontana. Desde las inmediaciones de la casa de Santa Teresa, centro receptor del público, divisaremos un paraje sobrecogedor y abrumador, contemplaremos la panorámica del puerto de Sanitja, que a cualquier hora del día, la luz y los colores van transformándose contagiándonos con su paz. Nunca dejaremos de admirar la aureola divina que lo envuelve ni de respirar su quietud.
El puerto se abre a la línea horizontal mediterránea y a la Tramontana que llega sin cesar en los primeros días del otoño. Sanitja es un abrigo de pequeñas embarcaciones de pescadores, simula parecer estrecho y pequeño. Sin embargo, es un remanso de aguas calmadas muy digno como refugio para la navegación.
La huella de la Tramontana en la piedra. La totalidad del territorio data en términos geológicos del período jurásico, los materiales pétreos, formados básicamente por la calcárea de color gris son omnipresentes y delatan en su rostro la corrosión que les provoca la salitre. El volumen grisáceo que cubre la estepa rocosa del cabo rompe su monotonía con los tintes amarillos y azulados de la arena y de las aguas de la ensenada de Viola, allí se encuentran tres coquetas calitas.
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